La habitación resuena escalonada
y el vacío del aire -siempre el mismo-
me devuelve
una historia sin voces.
No dije que te amaba,
y lo no dicho,
abrazando cada última luna,
rasga este silencio
y lo vuelve muerte.
Es como lamer algún cristal
que oculta
mi mirada, de la respuesta
que no te provoqué,
que inevitablemente
se ha perdido en el último
peldaño. Esta voz sin sonido
y sin palabras, esta voz mía,
es como un largo exilio
de mí misma.
Oh, río Sena!
que las musas
bailaban en tus puentes,
de serenas aguas caudalosas;
que anegáis mi alma,
dejándola henchida de grandeza...
Bajo ellos,
y sentada a tu ribera;
dejé volar,
cual gaviota herida,
mi ávida e inquieta fantasía...
¡Oh, rí...
LA ABUELA
Un año más la abuela
sentada en la mesa está.
Hay una sonrisa en su faz,
ausente su mirada…
Recuerda el pasado,
los años vividos.
Mientras su familia
monta algarabías
Navidades de ausencias,
navidades de olvidos
Que con el tiempo
no...
noviembre 22
María Villares es ahora miembro de CrEaTiViDaD a flor de piel
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