No hay suficientes imágenes que sirvan para compartir la imagen de un@ mism@.
Me siento lejana de las fotografías que se suponen hablan de mí.
Tengo una imagen de mi misma que no se puede concretar en los reflejos de mis letras ni en los de las improntas que recoge la cámara.
Menos aún aquello que pueda decir de mi misma.
Este acto de explicitar ante el mundo desde las pantallas no da más información.
Sin embargo es lo único que podemos compartir.
Hay intuiciones que nos acercan.
Hay encuentros que se prometen eternos.
Hay situaciones que nos unen o nos separan.
Todo lo que hay es humo cuando amanece mañana.
Elijo estas palabras y no otras.
Siento un hilo que se entrelaza con personas que nunca llegaran a ofrecer sus gestos ante mí.
Cadáveres, esqueletos. Todo es pasado. Todo es muerte.
No lo apunto en negativo, lo hago en impotente sentido.
Vengo de un paseo por letras que me desvelan lo otro y lo propio.
Acabo de descubrir algo que está en mi búsqueda, que entre estas idas y venidas, estas participaciones en múltiples lugares encontrándonos la misma gente, nos vamos explicitando sin saber, pero siempre condicionado al camino que sigo.
No es lo mismo en uno u otro sentido.
Hay matices.
Hay formas y hay maneras.
Mañana no es ahora, pero bien pronto lo será.
Vendré por aquí a oler mi ausencia.
Es mi presencia lo que se pone en juego.
El espejo que quiero me devuelva la imagen que dejo.
Vendré y no me reconoceré.
Estaré en otra onda.
Conectaré con otras cosas.
La movilidad de todas las cosas.
Todo está en fase de caducidad.
Actos que en consecuencia arrastran.
Decisiones que por no tomadas lo son.
Acciones.
Pasiones.
Quebrantos.
Delirios.
¿Por qué aquí y no en otro sitio?
No sé.
Quizá es este el lugar en que el pensante que pretende explicitarse encuentra arranque.
No es un sin sentido abrir este camino.
Aunque sea repetido.
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