Es posible que siempre que escribo me proyecte ante el mundo.
Quizás se anteponga la necesidad de abrir la ventana para desvelar una existencia humana, la mía.
Un eslabón necesario en la cadena de la vida de la humanidad.
Nos dijeron que el ser vivo nace, crece, se relaciona, se reproduce, muere,..
Yo diría que el ser vivo trasciende en cada uno de sus gestos.
Diría aquello del efecto mariposa.
La falibilidad de nuestros actos y nuestras intenciones.
La pequeñez ante lo inmenso que nos contiene.
La visión de las cosas a través de nuestra mirada en la mirada del otro u otra.
Estamos aquí por alguna de las múltiples razones que responden al hecho de nuestros atributos de ser viviente.
Ser transcendente y superviviente.
Ser en y para los demás.
Ser y estar.
Cuando apunté aquello sobre esta red, no tuve la consciencia ni la intención. Cada vez desvelo que BE, tiene ese significado si lo miro desde el ángulo de la acción del verbo 'To be'. Curiosa coincidencia.
Me estoy retratando en cada uno de mis actos. Los virtuales también lo son.
No es tirar la piedra y esconder la mano.
Tiras la piedra que al caer sobre la superficie de estos entornos se expande en ondas, como la que cae sobre la de un estanque de aguas calmas.
Hay un fenómeno de transhumancia en nuestro ir y venir por las redes hermanas.
Parecemos habitantes de un desierto.
Muchas veces he pensado sobre mis actos en este entorno. Cuando sólo era el de los blogs y ahora con blogs y redes.
Ayer encontré mensajes casuales. Nada es casual, pero los citaré como tales.
Errar es humano. Más aún en nuestro caso.
Este proceso nos pone ante un renacer continuado. Nos da muchas oportunidades y también nos hace daño.
Exponerse a la mirada del otro o la otra es eso, exponerse.
Si no lo haces, tu mundo interior se queda pequeño y te ahoga.
Convivir estrechamente lleva consigo muchos procesos.
Aquí estamos en ello.
Perdones y agradecimientos.
Frustraciones y exitosos momentos.
El blog tiene menos riesgos???
Depende.
Much@s hemos sufrido el laceramiento.
Borrar un comentario que hiere no evita la herida. Necesitas aclararte y dejar las cosas claras.
Interpretar, cada cual en su contexto. Allí el problema primero.
Se explicita bajo unas intenciones, que en gesto y respuesta inmediata podrían aclararse, pero aquí toman la pendiente rodada, creciendo y oscureciéndose.
Dar el brazo a torcer y ganarse el respeto. Todo un proceso.
Es un eco que expande la onda deformando o exagerando.
Nos exponemos. Más de lo que creemos.
Sentimos y padecemos.
¿Vale la pena?
Valió la pena el primer paso y todos los que lo siguieron. Aunque en alguno de los momentos tengamos la intención de quedarnos detrás y ver pasar la pelota, no podemos evitar entrar al ruedo y jugar.
Esta función no tiene un guión. Tiene un rol, asignado en la interacción.
Puedes salir y volver a entrar, abriéndote paso bajo otro u otros, según te da; pero no olvides que siempre estás detrás.
He jugado a ese juego y he podido constatar que siempre, aunque vaya bajo otro avatar y nombre, me manifiesto igual.
Tuve amigos que en myblog detectaban mi identidad y me enviaban mensajes para constatarlo. Esos son los amigos que te saben.
Recuerdo que Manu, en uno de sus desaparecidos blogs explicitó ese reconocimiento a través de nuestra manifestación en los posts.
Estar cada día por aquí no es fácil de eludir.
Luche contra viento y marea, por sacarme de la piel esta necesidad bloguera.
Regresé a ponerme de ella hasta las orejas.
El retorno siempre fue como un eco que amplificaba mis acciones.
Tengo días de ganas de autoinmolación, de falta de motivación, de cerrazón.
Esos son días muy peligrosos, porque en ellos puedo dar al traste con todos mis materiales.
A veces lo he hecho. En myblog sobre todo, porque es fácil dar de baja un blog. Por aquí es igual de fácil.
He cerrado y me he ido al salón, frente a la insulsa televisión. Me he visto buscando sustituir esta acción.
Al día siguiente he vuelto besando el suelo del teclado y añadiendo más a este muro de lamentación.
Si no me hubiera metido por estas, estaría por otras.
No saber de algo no lacera, lo hace eludir lo que se desea.
Y como me decían nuestras cotys, este es un vicio que no hace daño a nadie.
Vivir las emociones es necesario. Una vida sin ellas es un campo sin flores.
Siempre que escribo, soltando lastre, es consecuencia de todo lo que recojo en mi pensar, al pasear por las letras de amigas y amigos en el bloguear y enredar (en redes y blogs).
Nada de esto saltaría si no viviera en un mundo de encuentros en que otros y otras me miran a través de la pantalla que recoge nuestros latidos.
Besos y buen día.
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